Las personas seres de una
complejidad extrema derivada de una sociedad insaciable que evoca al ser humano
a un camino utópico, en el cual siempre piensa tener algo que perder y poco que
ganar. Un circulo vicioso que gira alimentado de la falta de capacidad de
valorar, que, quien, como, porque y para que de lo que nos rodea.
Un mundo el nuestro sumergido en
los automatismos, derivados de culparse a uno mismo de lo que sucede aún cuando
no seas tú el involucrado, porque esta mal, o eso dice la sociedad, decirle a
alguien lo que define ese grupúsculo como “la verdad”.
La verdad implica mostrar que
somos personas vacías, no por falta de cerebro, sino por falta de valorar las
palabras, las que vertimos y las que otros vierten. Las palabras que usáis
carecen de sustento, por sí solas lo tienes, pero como el viento sólo las notas
cuando te acarician en la cara y no eres tu quien sopla.
La verdad es que no conocemos la
meta, si el camino, pero preferimos quejarnos, patalear, llorar, porque como en
una carrera larga, nos hemos pasado los puestos de avituallamiento, aunque no
los necesitáramos y además cuando están
los desdeñamos por si el peso al llegar a la meta es mayor. Mientras el camino
es un tormento, para nuestro ser, acostumbrado a penalizarse, autocriticarse y
lastimarse, más aún si un sentimiento como el “amor” confluye, porque nos
implica sacrificar nuestros pequeños pasitos, por cambiar el rumbo del camino,
algo que a todos nos da miedo. ¿Cómo no vas a tener miedo de ser un puesto de
avituallamiento, que sólo lo valoramos cuando no esta, lo perdemos, o esta pero
ya no aporta el sustento necesario?
Y la verdad es que usamos
palabras que no entendemos y que realmente no conocemos su valor, probablemente
porque nunca la han vaciado de sentido
para nosotros, en ese momento cuando las lagrimas, los gritos, la rabia no son
un consuelo, ni si quiera un bálsamo de la tormenta interior, empiezas a
encontrar el valor de la palabra “querer”, “amar”, “odiar”, “respetar”,
“fallar”, “decepcionar”, “felicidad”, “vivir” y “morir”.
La cuestión es aquellas personas
que le han vaciado de sentido esas palabras y que conocen su verdadera
relevancia, que motivación encuentran para seguir aprendiendo el vocabulario de
los sentimientos, la “esperanza”, el “valor”, aunque como alguien cercano me
dijo una vez, estas aquí por “cabezonería” y “paciencia”.
Seré sincero y diré la verdad,
nunca entendí esas palabras hasta el verano de 2013 y ahora, comprendo a lo que
se refería con “cabezonería y paciencia” porque aún sigo creyendo en personas
que demuestran o demostraron que el dicho “sólo valoras algo cuando lo pierdes”
es cierto en la sociedad egoísta actual.
Mi frase para reflexionar en el siguiente episodio: No renuncies a tus
sueños sólo tienes que aprender a compartirlos








