Lo primero de todo esta reflexión es personal y subjetiva.
En este 2020 quizá todos hemos aprendido que la vida no siempre es divertida.
Quizá hemos aprendido que la vida puede ser dura, triste, a veces inaguantable o insoportable por momentos. Otras generaciones vivieron guerras, enfermedades, y nosotros no somos mejores ni peores, nos ha tocado vivir este periodo. Un periodo marcado por la inquietud, seguido cifras, fallecidos, vemos calles vacías, ciudades fantasmas y alarmismo. Y la inquietud nos lleva al desánimo, a la preocupación, al miedo, al pánico y el pánico a la desesperanza. Y la esperanza es lo único que no podemos permitir perder, la esperanza no la debemos denegar, porque saldremos.
No puedo decir que salgamos más fortalecidos, aunque me gustaría creerlo, pero esa es una frase hecha, bonita, pero no es siempre verdad en este periodo. Existirán personas que saldrán sin trabajo, sin una madre, un hermano o un amigo pero saldremos.
Estamos en un túnel, no un pozo. Los túneles pueden ser muy largos y muy oscuros pero de los túneles se sale, siempre hay una lucecita muy al fondo que indica que tiene salida. Aún no la vemos pero sabemos que hay salida. No sabemos cuando la encontraremos, no sabemos en que condiciones pero de los túneles se acaba saliendo.
Hemos aprendido que lo ordinario a veces es extraordinario. Esas pequeñas cosas que antes no disfrutábamos ahora las valoramos. El dar dos besos, un abrazo, la palmadita en la espalda. el poder ver a las personas que forman nuestro círculo. Somos más conscientes, de que somos frágiles, que nos morimos y de lo que verdad importa, es que lo más importante sea lo más importante. Que hay una gran diferencia entre problemas y preocupaciones.
Hemos aprendido a convivir, con nosotros y con los demás, porque hemos estado más tiempo con los demás de lo habitual.
Hemos aprendido a explicar que a veces estamos de mal humor y tenemos que decirlo para que los demás nos ayuden. Que sonreír crea buen ambiente. Que debemos tolerar porque todos somos diferentes pero no nos habíamos dado cuenta hasta que nos obligaron a convivir.
Hemos aprendido que necesitamos tiempo para nosotros, solos, porque en ocasiones necesitamos disfrutar de nuestra presencia. Y también que para no decir nada útil es mejor callarse.
He aprendido que esto lo vamos a recordar en el futuro y que es importante saber como queremos ser recordados. No es fácil, no es el mejor momento de nuestras vidas, pero quizá sea en momentos como los actuales cuando más debamos esforzarnos en recuperar la empatía, mantener la sonrisa disfrutando de lo extraordinario y preservar la esperanza cuando es mas difícil. No tenemos forma de cambiar los hechos, pero si de decidir como actuar ante los mismos. No somos insensibles al sufrimiento ajeno, pero no perdamos la esperanza y ofrezcamos sonrisas y consuelo aquellos que por la situación necesitan de nuestra ayuda para que puedan encontrar de nuevo la alegría.