El paradigma de las decisiones, solemos decidir aquello que creemos que queremos, no basandonos en la realidad, en la racionalidad o en la simplicidad de la probabilidad de éxito o fracaso. Esta enérgica disyuntiva nos lleva a usar el corazón en muchas ocasiones como un propulsor de nuestro día a día, minuto a minuto y segundo a segundo, algo que sin duda es agotador durante una vida y más si cabe cuando las decisiones que tomamos de corazón en un momento determinado no tienen el desenlace pasionalmente deseado por el motor que usamos en nuestra vida.
Como si de un V8 se tratase acelera en cada recta, derrapa en cada curva y desecha cualquier señal de emergencia que se encuentre en la autopista de la vida, en los peajes de los sentimientos y en las montañas de las emociones.
UN DESEO NO CAMBIA NADA UNA DECISIÓN LO CAMBIA TODO
Hasta este momento rodamos por una carretera deliciosa, donde nos sentimos confortados por seguir esos impulsos solemnes, que te alivian llamados sentimientos, pero como todo buen vehículo, y este no iba ser ajeno, en ocasiones se encuentra con algunas incidencias, debido a su velocidad, a su ignorancia de las normas, a su poca previsibilidad, a su durabilidad y en sin fin a innumerables decepciones.
La vida, ese gran sendero que recorremos, buscando y escogiendo el camino que creemos que nos acerca a la felicidad, o simplemente a estar más cerca de aclarar nuestras emociones y nuestros propósitos, esta acumulada de una cantidad incierta de decepciones, que desconocemos en el momento de "corazonadamente" emprender nuestro viaje y escoger nuestro destino.
En esta vía no se acuñan los principios del merecimiento, desgraciadamente no conozco a ninguna persona que por "merecer algo" lo haya logrado, sólo he conocido personas que "mereciendo más", únicamente encuentran obstáculos, pero eso sí, reniegan de cualquier dificultad, les importa bien poco que su vida se juegue en nivel "muy difícil" o "imposible" porque saben que lograr su propósito, su amor, sus "éxitos", en la vida nunca desde que tienen conciencia, y siguen su corazón, aunque el cerebro les tiente a relegar este camino, se plasma la compasión del merecimiento, sino la perseverancia en las ideas, en las emociones y en el camino.
Existe un tipo de personas que son capaces de luchar concienzudamente contra cualquier tenaz y borrascosa dificultad que la vida en su ingeniosa agudeza les proponga, he conocido incluso aquellos que la vida debería energicamente hacer un ejercicio de imaginación para superarse en los siguientes niveles, porque son grandes jugadores, con habilidades para resolver plataformas, que algunos sólo admiramos. E incluso lo más difícil de todo, es que han aprendido a usar el "cerebro", para entender las decisiones "corazonadas" que les reportaban afecciones positivas y negativas, en ocasiones pensamos que podemos hacer un ejercicio de supresión de la "negatividad" y ciertamente es imposible, pero si podemos por un lado alternar la "negatividad" en "positividad" comprendiéndolo como un aprendizaje y finalmente entender que hasta la senda más hermosa de la selva, quizá se acaba ante nuestro ojos, y sufrimos por no querer ver el final, no el final de la senda en sí, pero si de la que querríamos coger, sobre la que realmente existe.
SENTIRSE DERROTADO ES UN ESTADO TEMPORAL POR EL QUE TODOS PASAMOS, PERO ABANDONAR LA ESPERANZA ES LO QUE LO CONVIERTE EN PERMANTE
Estos momentos que algunos intelectuales denominan conformarse y otros los llaman gestión emocional, que difícil discernir ambas lineas, ¿cuándo es imposible algo? Debería ser en ese momento en el cual nos deshilamos por dentro cuando deberíamos reflexionar sobre como interpretamos lo que estamos sintiendo, las decisiones que estamos adoptando, las corazonadas y el momento concreto en el cual deberíamos utilizar "la razón" para asimilar el camino y quizá mirar a nuestro lado, porque quizá se salvaguarda la respuesta.
MI REFLEXIÓN PERSONAL: Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que
la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una
calle de sentido único.
No eres un robot, me dijo una persona un día, y ciertamente me deshizo por dentro, no porque no supiera tal realidad, sino porque no estaba preparado para asimilar que mis sentimientos son parte de esa realidad, me encontraba mejor ayudando a otros, focalizando esos niveles en la vida para escuchar a otras personas, que se encontraban desesperanzados, porque habían perdido la esperanza y sólo se componían de miedos.

Fue en ese momento, cuando me observé, y me di cuenta que los merecimientos, los honores y los logros tenían poco que ver en la vida, y sin entrar en porques, la vida me mostró que si esperaba compasión, la lotería o algo similar, iba a estar bastante alejado de la realidad, así enfrento de nuevo a la corazonada con el cerebro, para entender el ¿por qué no?, así que asumió que era una persona, y que tenía sentimientos, más allá de los propios que mostraba para preocuparse y ayudar a otros, y en ese momento comenzó de nuevo a coger el carril de aceleración para introducirse en la autopista de la corazonada, quizá en días das vueltas en una rotonda, pensando ¿el camino se ha acabado? y es hora de salir y buscar otra autopista, otros días sigues la autopista sin miedo a que desaparezca ante tus ojos, y es aquí donde reside la dificultad de saber hasta donde perseguir un sueño, hasta donde seguir una emoción, una idea, el amor, la nada o el todo, los sueños, las esperanzas, la realidad, la pasión, el corazón, el cerebro, toda una larga lista de componentes de un circuito llamado vida, en donde nada importará lo que merecemos, sufrimos, sufriste o sufrirás y es algo que deberíamos entender para proseguir nuestro camino, sin decaer en la idea de que nuestro vehículo debe dejar de circular por esa larga vía
Algunas personas son fascinantes: sólo hay que mirarlas a través de las gafas correctas
Si puedes llegar a través de la nieve, la tempestad y la lluvia, sabrás que podrás llegar cuando brille el sol y todo esté bien
No soy quién para decir lo que tienes que sentir ni
cómo tienes que sentir lo que sientes, al igual que no puedo decidir
por ti
Agustín Calvo Rea , intentando arreglar bicis cuando es posible y sino aportando mi propio mapa.










