¿Existe la suerte como fuerza aleatoria que influye
de forma determinante y esencial en nuestras vidas, en nuestra autorrealización
como personas? Me preguntó en un viaje de autobús que me acerca a mi casa.
Ciertamente creo que no existe esta concepción de
carácter conspiratorio que ocasionalmente evocamos cuando los acontecimientos
no sobrevienen a nuestro placer, definitivamente no existe.
Por el contrario, no negaré que como la mayoría de
las personas he sentido y percibido esa sensación o aura de la temida “mala
suerte permanente” o el clásico “gafe”. Pura ficción mental para autosatisfacer
mi ser, mi mente, mis emociones, proponiendo así una solución más sencilla e
independiente a mí, desplazando el análisis y aprendizaje que debería
sobrevenir a la gran palabra FRACASO, o como nuestras mentes prefieren
catalogarlo “golpe de mala suerte”, pero siempre nos servirá ese comodín me
pregunto mientras escribo cada línea de esta encrucijada azarosa.
Poderoso ente la suerte capaz de devorar nuestra
autoestima pero incapaz de cambiar de rumbo nuestra vida
Personalmente, no tengo miedo a consideras que
algunos proyectos personales y laborales han salido mal, si lo entendemos por
tener un desenlace distinto al esperado, o como calificamos la mayoría en una
visión excesivamente negativa fracasos. No entraré a valorar hoy este término,
que realmente tienen un potencial positivo incalculable y para las personas, imperceptible, como un
fantasma, sino que intentaré mediante un ejemplo en primera persona sustentar
nuestra idea de la suerte.
Corría el año 2006 y tenía lo que se denominaba P.A.U.
(prueba de acceso a la universidad) ahora creo que la llaman Selectividad, en
ese aura temporal nos situábamos y tenía recuerdo ciertamente examen de
Filosofía, asignatura que realmente no se me daba del todo mal, pero con un
temario relativamente extenso. La situación intelectual antes de ver el examen
era que exclusivamente había estudiado un autor, Platón, pero los candidatos en
las preguntas eran muchos más se unía al anterior Aristóteles, Descartes, Hume,
Khan y Marx.
Finalmente llegaba el examinador con ese folio y el
corazón latía con más tensión, y eso que nunca me he puesto muy nervioso en
estos procesos, pero ese día era distinto, cuando torne la hoja estaba Platón,
me dije que suerte.La suerte como fuerza aleatoria que influye de forma
determinante y esencial en nuestras vidas, en nuestra autorrealización como
personas.
Esta es la visión del ser humano y probablemente la
de la mayoría de las personas, tuve suerte, casualmente positiva, pero la
realidad es que tenía un 16% de buena suerte y un 84% de mala suerte. Mi
cerebro prefiere hacerme creer que fue todo un acto azaroso en el cual la
suerte tuvo una presencia esencial, pero si la realidad fuera otra hubiera sido
un fracaso, no mera mala suerte.
El razonamiento es simple yo decidí mucho antes que
actitud iba tener ante ese examen y cuanto tiempo le iba a dedicar, ese si es
el factor determinante en lo que llamamos SUERTE. Nuestra perseverancia
inquebrantable en cada obstáculo nos permite aumentar ese 16%, en 84%, no en
100% pero si en 99,99%, porque la suerte no es un elemento esencial en el
transcurso de la vida, en nuestra autorrealización.
Los éxitos los celebramos con una botella de champán,
en los fracasos debemos alejarnos de la suerte, analizar nuestra decisión y
aprender del resultado.
Esta visión del mundo,
que comparto con vosotros y que cada cual tendrá la suya, me permite considerar
que la suerte en la travesía de nuestra realización como personas no es más que
una mera excusa que nos aleja en innumerables ocasiones del necesario y verdadero
aprendizaje, y además no sólo acota nuestra capacidad de empatía sino que puede
mermar de forma tan gravosa nuestra autoestima y nuestro motor de movimiento
(de vida), la ACTITUD, que es capaz de hacernos sentir INÚTILES, IMPOTENTES Y
RENUNCIAR A NOSOTROS MISMOS.
Difícil
es discernir para el hombre entre la casualidad y la causalidad, siendo la
primera el comodín de nuestro AUTOBOICOT.
Incidiré una vez más la
suerte en el campo de la autorrealización, de la búsqueda de ¿Quién queremos
ser? No existe, si bien démosle un matiz o cierta relevancia a esta afirmación
y porque no atribuirle a la suerte pequeños atributos en campos más triviales,
como un juego de azar o simplemente lanzando un dado, en esa acción si tiene
una relevancia especial la suerte, y en su resultado, porque interviene
vitalmente el azar o suerte sin tener una repercusión superior nuestras
decisiones previas o la actitud con la que lancemos el dado.
Es visible su poder en
estos pequeños campos pero es aspectos más dimensionados se desvanece ante
otros elementos prioritarios aunque preferimos pensar en esa fuerza aleatoria
superior e incontrolable, pero la realidad es que priorizan otros factores en
nuestro resultado concretamente 3 factores superiores:
Nuestra actitud
Nuestras decisiones
Nuestro aprendizaje
previo
MI REFLEXIÓN FINAL
¿Por qué existe la suerte y le damos ese poder en nuestra vida?
-
Este último apartado más
íntimo se centra en la potencial influencia que le damos a un factor externo en
nuestras vidas, ¿realmente pensamos que no tenemos casi efecto en el resultado?
Y si el resultado es distinto a lo que vemos, y si fuera nuestro desarrollo
emocional, y no ganar o perder, tampoco influimos. Más bien seríamos
determinantes y esa realidad nos asusta porque nos exige pensar y analizar; y
según este razonamiento y nuestro afán de buscar culpables, que pasaría si
nadie quiere ser el señalado por su yo interior.
Esta realidad nos puede
permitir observar el mundo, a las personas, nuestras decisiones y las de los
demás desde otro prisma, incluso puede traernos de vuelta el autoestima porque
moverse en el camino dependerá esencialmente de cada persona, y no podrás
decirte ¿no tengo suerte? ¿No soy suficientemente bueno? ¿No llegaré? Porque
todo dependerá de TI, y no de un elemento incontrolable y azaroso, una simple y
burda excusa, LA SUERTE.
Engañar a los demás es un defecto relativamente vano ya que es el propio autoengaño el que nos convierte en monstruos
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- Próxima entrada "el poder de las
personas" - entre el egoísmo y la compasión, que pueden esperar de ti los
demás y que puedes esperar de ti tu mismo.









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